
Naama, de 63 años, madre de 4 hijos y nueve veces abuela, prefirió dejar a su marido, de 65 años, porque éste le aconsejaba el uso de un pañuelo ligero que sólo le cubría los cabellos.
Según él, el "hiyab", más severo y convertido en la norma mínima de velo para las mujeres piadosas, podía desagradar a los invitados extranjeros, una opinión ante la que ella se rebeló pidiendo el divorcio.


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